A tono

Han empezado las rebajas, y esto tiene dos consecuencias directas. Una, la más obvia, es que los armarios se llenan de ropa nueva, como si hiciéramos la compra para todo el año, y la otra, es que al ahorrarnos a mi y al enano,  mi querida esposa,  largas esperas en las colas de las tiendas, nos deja tardes libres y sin empeños en las que literalmente padre e hijo hacemos lo que se nos da la gana. El fin de semana pasado, estuvimos toda la tarde viendo la película de Dory y Nemo, como la llama Luca, comiendo gusanitos. Es que al pequeño cinéfilo le gusta particularmente esta película, así que la vimos dos veces.

Hoy sin embargo, hemos dedicado la tarde a la creatividad. Primero para contentar al papa hemos hecho unas fotos, cada vez me cuesta más ganarme su colaboración, y luego para acontentar tambien al niño hemos pintado con las manos… los pies… y la cara también.

Cuando Luca tenía aún unas pocas semanas, su tío el skater-snowboarder-longboarder que es el miembro más enrollado de la familia, de los que parecen sacados de un video de Red Bull, le regaló un pequeño skateboard en el que grabó por detrás una imagen de él teniendo en brazos a Luca el día en que nació. Así que con ese skateboard y aprovechando la repentina aparición en el armario de unos vaqueros y una sudadera nuevos, probablemente para usar dentro de unos meses, he vestido a Luca de joven skater.

luca con el skateboard en su habitación

La iluminación que he usado para esta sesión es bastante básica: un softbox puesto a la derecha y bien cerca del sujeto.

Lo que en realidad quiero es que te fijes en los tonos de esta imagen.

¿Qué quiero decir?

Vamos a ir unos pasos atrás, imagina que tienes entre manos una hoja de papel, de las de la impresora. Es blanca, y la ves blanca. Si estás en el ascensor sigue siendo blanca, y lo mismo si la miras en la calle durante el ocaso con la luz de la puesta de sol. La sigues viendo blanca también bajo la luz de la luna, o al crepúsculo.

Sin embargo, en todos estos escenarios que te he ilustrado, la luz que ilumina tu hoja blanca no es una luz neutra como puede ser la luz del sol a mediodía, sino que tiene cierto grado de coloración, en concreto la luz de las bombillas suele ser bastante cálida con tonos anaranjados, algo parecido ocurre durante una puesta de sol, mientras que la luz de la luna o en general la luz del crepúsculo, cuando el sol ya ha desaparecido, suele estar teñida de tonos azules.

¿Entonces por qué la hoja nos sigue pareciendo igual de blanca en todos estos casos?

Esto ocurre porque nuestro cerebro sabe que la hoja es blanca y entonces nos engaña diciéndonos que la ve blanca y de la misma manera reinterpreta todos los colores para que sean coherentes con la hoja blanca. De este modo es capaz de ignorar los tonos con los que está teñida la luz en ese momento.

Lo que hace nuestro cerebro sin que siquiera nos demos cuenta en la fotografía digital se llama balance del blanco. La mayoría de cámaras compactas y los móviles calculan automáticamente el balance del blanco (no siempre sin fallos). También lo pueden hacer las cámaras reflex de más alto nivel, pero aquí puedes intervenir y corregirlo manualmente, diciéndole básicamente a tu cámara cuál es la temperatura color (unidad de medida de la coloración de la luz) de modo que ella se encargue de re-calibrar todos los colores. O, mejor aún, puedes disparar en formato RAW y despreocuparte por completo del balance del blanco y corregirlo luego en postproducción.

Ya sé que toda esta teoría es un poco rollo, pero es útil para permitirnos entender qué es y cómo funciona el balance del blanco y sobre todo cómo empezar a usarlo de manera creativa para obtener ciertos efectos. Por ejemplo, la foto que sigue es la misma foto de antes, pero esta vez con un balance de blanco correcto y neutral. Lo que pasa, es que no siempre queremos que nuestra foto sea neutra o estrictamente fiel a la realidad, intervenir sobre los tonos de una imagen nos permite añadir una sensación más a nuestra fotografía causando un impacto diferente sobre el observador.

luca en su habitación con el skateboard

Ahora vuelve a mirar otra vez la primera versión de esta foto, es mucho más cálida y cercana, te sabe a familia y puede que incluso lleve a tu mente el recuerdo de tardes de verano pasadas jugando en la calle bajo la cálida luz del sol.

En realidad quiero que entiendas que dependiendo de las propiedades de la luz que ilumina tu sujeto puedes obtener unos colores finales en cámara que no son los que te esperas. Así que lo más importante es fijarte siempre si la luz que estas usando tiene dominantes de color (o sea está teñida de algún color), para que si no quieres ese efecto en tu foto final, puedas corregirlo antes de disparar tu foto. Por contra, si tienes una foto con un balance perfecto y neutral, siempre puedes obtener el color que deseas recurriendo al uso de programas de edición fotográfica.

Te voy a dar otro ejemplo del impacto que puede tener una mismo foto interviniendo sobre los tonos.

La de arriba es la foto con balance neutro y sin tocar los tonos, y las de abajo son dos versiones con una corrección del color diametralmente opuesta; respectivamente fría y cálida.

Cuando fotografiamos a menudo contamos una historia, y la manera que define nuestro modo de interpretarla es como actuamos sobre el color. Si quiero enseñar un momento feliz usaré tonos cálidos, en cambio, si quiero mostrar un momento triste recurriré a tonos más fríos y azulados. Estoy simplificando bastante, pero el concepto es ese.

Bueno ya vale de teoría, no se si al final mi hijo saldrá tan enrollado como a su tío, pero de momento promete bien!

 

Y por supuesto el conjunto le queda genial. ¡Bien hecho Hada de los armarios!

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